Una
mandarina, se esconde detrás de un vaso sin bautizar; tal vez, anhele no ser vista para no ser
devorada por el destino; tal vez, ansié soñar con otra realidad, la del vaso;
tal vez, sueñe con ser recordada y por eso, se asoma al espejo que es el
cristal, donde la huella de su memoria, permanecerá incrustada en el deseo, de
aquellos, que tomaron entre sus manos, un vaso con ansias de sobrevivir al
ayer.

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