Aquellos sábados por la mañana cuando era niña, y, sonreia sin limitaciones al dolor. Iba a casa de mis abuelos, solo tenia que abrir la puerta de casa, cruzar el pasillo, llamar a la puerta. La abuela abría " El abuelo duerme", decía en voz baja. Me colaba en el dormitorio, le buscaba en su lado de la cama, le besaba, se levantaba, desayunaba. Caminaba hacia el comedor, le seguía. Encendía el radio-casete, metía el casete, ponía Muñeiras, que le había grabado su amigo, el señor Antonio. A las doce, ya tenía la cuartilla, y, el boligráfo preparados para apuntar los números de la lotería, su trazo era irregular, apagado, decepcionado, nunca tocaba. Mis dos hermanas jugaban en el cuarto de al lado. La abuela hablaba con mi madre, debíamos volver a casa a comer.
Aquellos sábados por la mañana, son flashes de recuerdos que llegan a mi corazón como una ola de aire fresco.
A mis abuelos a quien tanto quiero....
Ana Tapias.
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