Escribo sobre ellos desde la distancia, nos separa un océano cuyas aguas surcan culturas distintas. Veo sus rostros desgastados por la injusticia, que padecen desde niños. Su sinceridad los vertebra a ser perseguidos, condenados, encarcelados. Forman parte de la intrahistoria de Ecuador. Son minifundios de esperanza para sus comunidades, que sueñan con despistar a la pobreza de su camino, que anhelan con liberarse de la tragedia, con desprenderse de la dictadura del destino, para sonreir en libertad.
Mi corazón habla, grita, camina a su lado.Soy indígena.
A Santiago Pabón, alma del bosque.
Ana Tapias.
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