Confieso que me siento culpable, cada vez, que no recuerdo a mis abuelos, a mis tíos, a mis primos, a mis amigos, que me abandonaron sin consultarme. Sus cuerpos, se desvanecen entre mis arrugas, sin que, pueda nada pueda hacer para evitarlo; sin que, me confiese ante sus fotografías desgastadas; sin que, recicle mis lágrimas para encontrarlos. El tiempo es como una zapatilla desgastada, cuya suela ha olvidado caminar; y nosotros somos payasos tumbados por el dolor.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

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