Nuestros pasos, a veces lentos, a veces rápidos, se cuelgan entre líneas
invisibles de abrazos, de susurros, de miedos, de odios, de envidias, de egoísmos,
de sonrisas, de traumas, de los otros, que rompen nuestro equilibrio, que nunca
es mayestático, siempre es plebeyo; porqué dependemos de los arrebatos de otros
equilibrios, que nunca podemos controlar, ni adivinar, ni gestionar. Son
nuestros familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo quienes nos
impulsan a caminar descalzos, y clavarnos sus angustias, sus pesadillas, sus
derrotas, por eso es necesario, aprender a volar con nuestras sandalias olvidando
los naufragios ajenos.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

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