Hay atardeceres que caben en la palmo de mi mano, que abro para guardarlos en mi memoria; donde me abrazan cuando lloro en mis noches, tristes, silenciosas, solitarias; cuando espero que llegue el autobús en medio de la nada; acosada por mi miedo, que invita a mis lágrimas a caer; pero sé que a pesar de todo soy valiente; me aferro a los atardeceres de mi mano, que coloco junto a mi corazón, para que siga latiendo y no nuera en el olvido

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