domingo, 2 de febrero de 2025

Mis pesadillas

 

No sé, si algún día superare el acoso escolar que sufrí en el colegio de monjas, donde tuve que estudiar en mi etapa escolar. Pienso que he cerrado esa etapa de mi vida, hasta que cierro los ojos y aparecen los rostros de mis acosadoras. Esta noche, fue Virginia, quien, con sus rizos inapelables, comandaba a una pandilla de adolescentes; que vestía con ropa de marca, porque sus padres tenían dinero y podían comprar lo que quisieran; el resto, esperábamos a las ansiadas rebajas. La niña, que fui, ya adulta, regresaba a un aula de colegio, donde debía encontrar un lugar para sentarse, pero todos, estaban ocupados, y solo quedaba un pupitre enfrente al de Virginia; quien, en medio de la clase, me atacaba con sus comentarios hirientes; que me abofeteaban, sin piedad, en mi cuerpo, que temblaba, de miedo, ante ella y sus amigas; que reían a destajo como si fueran auténticas heroínas del colegio;  donde presumían, de sus actos, de valentía como fumar a escondidas; como maquillarse para ocultar sus granos; como hablar con desenfreno de los besos recibidos: que ocultaban, en las horas donde los profesores, cómplices del acoso que sufría, impartían sus materias con desgana. Me he despertado, para huir de la tortura, de mis años de colegio, donde tantas lágrimas derramé, que siguen latiendo en mis noches

Dedico mis palabras, a las víctimas del acoso escolar, que bien sé que nunca se olvida.

© Todos los derechos reservados) Ana Tapias García

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