La noche nos invita a creer en ella; tal
vez, sea por las farolas que la iluminan, que le dan color, que la apostillan
en nuestras pupilas, cansadas de nuestras rutinas, que agonizan en la
incertidumbre de seguir vivos o alcanzar la muerte. La noche nos invita a volar
sobre el mundo de los sueños, que acecha nuestro pensamiento, que vaga entre el
hoy y el mañana, para culminar cerrando los ojos abrazados a la soledad. La noche nos impulsa a crear nuestro recuerdo entre
las sombras del ayer, que cantan, que hablan, que bailan, al otro lado del
silencio.

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