Una raja de melón, sola, aislada, perdida, en
medio de una cocina, con restos del día de ayer, donde no fue ejecutada, se
prepara para su adiós, será devorada por el tiempo, quiera o no quiera, perderá
su condición; olvidará su forma; despedirá su origen, que es la tierra, siempre
la tierra madre, que la bautizó, cuando era una semilla dispuesta a ser alguien,
sin miedo al destino, que la ejecutará sin piedad. Una raja de melón es memoria.

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