Hay entornos, que abrazan, acarician, susurran a
nuestros cuerpos cansados, que caminan
sin rumbo, en calles, sin nombre; que
nos invitan a ser fuertes, valientes, precisos, en nuestro destino; que anhela
a nuestros seres queridos, escondidos en nuestra memoria, que llora con la
mirada fija en el ayer, que se cuela en el entorno, donde a veces, ellos,
fueron felices, y, su felicidad, llega como un suspiro a nuestro presente, para
irse para siempre.

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