Cada amanecer en una calle sin bautizar, la vida se dirige hacia una dirección; los transeúntes se desperezan acompañados por sus rutinas; los semáforos cambian de color en medio de la soledad; los abecedarios conjugan sonrisas y lágrimas en el calendario; y mientas al otro lado del silencio, nacen palabras de esperanza, que abrazan a quienes lloran en el olvido; que cada día, despierta sin preguntas, tan solo con sueños a los que volver cuando todos nos traicionan, una y otra vez hasta dejarnos desnudos para el mañana

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