Sacrificados a nuestras rutinas, muchas veces sin
sentido, olvidamos mirar a lo que nos rodea; que nos habla desde su anonimato;
que es bautizado con sus abecedarios que se escinden en nuestras miradas; que
lloran ausencias nunca encontradas; que suman sueños nunca abrazados; que besan
nostalgias nunca susurradas; pero de vez en cuando, se cuela una esperanza en
los mundos que observamos, para hacernos creer que volar es posible

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