Los ojos del mundo miran la Chimenea Vaticana. El humo me recuerda a las péliculas de Indios. Me siento atemorizada antes sus hachas, y gritos de guerra. ¡ Qué grito nos esperará desde el Vaticano!. El Vaticano es una plaza llena de" ancianitos", buscando un sentido al más allá. El sentido de sus vestidos blancos y purpurados. El sentido del que carecen sus palabras. Palabras, anquilosadas, en una doctrina con mucho humo, y pocas nuces. Hoy me sentiré como una mártir sin causa, ante un humo que no evolucionó. La Iglesia debería sumarse a los cambios sociales, no criticarlos. La Iglesia es un juego de ancianitos que echan humo por sus cabezas: Habemus Papa.
Ana.
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