Las ferias de las ciudades se llenan de vendedores ambulantes, de tómbolas, de voces que se cuelan en nuestra niñez, que disfrutaba dando vueltas, y, más vueltas, con la música que abarrotaba nuestros latidos. Parecía que nos quedaríamos colgados de la noria, creciendo en un asiento que no nos pertenecía.
A veces el destino nos atrapa en cuerpos que no son nuestros, sino de nuestros sueños. A veces hemos de caminar siendo pequeños para poder sonreír.
Las ferias son ciudades que limitan nuestra monotonía con nuestra ilusión. Hay que saltar la valla para volver a comer algodón rosa,
A veces el destino nos atrapa en cuerpos que no son nuestros, sino de nuestros sueños. A veces hemos de caminar siendo pequeños para poder sonreír.
Las ferias son ciudades que limitan nuestra monotonía con nuestra ilusión. Hay que saltar la valla para volver a comer algodón rosa,
Ana Maria Tapias Garcia.
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