domingo, 25 de febrero de 2018

Cien niños asesinados en Guta

Si supieramos que en cualquier parte del mundo han asesinado a cien niños, estariamos inmersos en una espiral de condenas; poniendo lazos negros en nuestros muros de Facebook;  iluminado edificios con la bandera de Siria;  guardando minutos de silencio en las calles. Los niños asesinados eran sirios. Una guerra olvidada, defenestrada, marginada, del marketing del duelo politico de los grandes estados, que no quieren tener problemas con Rusia; cuyo ejército combate contra los rebeldes sirios a los que se unió el Estado Islámico, y parece  hasta verosimil que los quieran eliminar de la faz de la tierra, para que no cometan más atentados, ni todas las monstrusidades que hacen y nos muestran sin pudor. Pero, hay limites que incluso en una guerra a largo plazo, de desgaste, como  seesta convirtiendo la de Siria, no deben ser rebasados. La población civil ha de ser respetada, protegida, cobijada en lugares seguros, pues ella no forma parte de ningún ejército. Su destino no ha de ser marcado por los ejecutores que dicen quién, cuándo y cómo han de morir. Las guerras no tienen sentido, ni causas justas, ni nobles. Las guerras son pequeños territorios de poder, donde exacerbar el miedo, la angustia, la tristeza, de aquellos que se acuestan, cada noche, pensando que mañana acabará de una vez la maldita pesadilla de enterrar a padres, a madres, a hijos, a nietos, a sobrinos, a primos, que nunca hicieron daño a nadie.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)

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