martes, 11 de abril de 2017

Rezar

Me pase la infancia y  la adolescencia rezando, en aquel colegio de monjas, en el que no fui feliz. En la edad madura, es verdad que todo llega, he olvidado, aquellos palabras, que repetía sin descanso, bajo la atenta vigilancia de mis educadoras( monjas). Cuando me encuentro en medio de algún rito que exige rezar, muevo los labios como si estuviera haciendo playback. Nunca tuve claro, si alguien escuchaba mis oraciones; si traspasaban las paredes de la iglesia, o se quedaban allí pegadas, como si fueran chicles devotos; si me iría mejor en los exámenes, o curaría a mi abuelo materno su cáncer. Al cabo de los días de rezar, nunca pasaba nada, eso si lo tenia claro. El rezo, no acerca a Dios, lo convierte en un ejercicio de la memoria, allá cada uno.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)


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