Nadie acaricia cuando quiere sino cuando
puede. El poder de decir, reside en la cercanía o la lejanía de lo que se
quiere acariciar; tal vez, nunca lo pensamos con los dedos, sino con el
deseo; que vagabundea, entre la incertidumbre, como si de un globo con gas se tratara; que
vuela, hacía otros espacios, donde sentirse importante no es un requisito de un
formulario, es un clavel bajo el grifo, de donde caen gotas de agua que mojaran
anhelos.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©

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