
Los charcos en Madrid, son espaciosos; dentro de ellos, se acomodan paraguas abiertos, llenos de finas gotas, expuestos a la contaminación; son ruidosos, reflejan el eco de las ambulancias, que se abren paso, en el atasco sin fin de las calles interminables; son espejos, no aptos para personas con tabúes en la mirada; son árboles desnudos, que se visten de agua; son deslucidos paraísos, que anhelan ser descubiertos; son sueños rotos, de aquellos que tienen pesadillas inconclusas. Los charcos de Madrid, pueden ahogar a quienes se aventuren a ser ellos mismos.
Ana Tapias
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