lunes, 6 de febrero de 2017

Madrid

Llevaba meses, sin pasar al otro lado de la sierra; al atravesar el túnel, sentí como si nunca antes,  hubiera pisado Madrid; como si fuera mi primera vez; como si no supiera nada de la vida. Estos ocho meses sin venir, ha cambiado mi forma de mirar, de soñar, de pensar. Pero, las calles de Madrid, siguen atestadas de gente, que arrojan sus manos, a quienes caminan sin sentir; que buscan buscan detrás de la suciedad de sus lágrimas, una sonrisa; que necesitan creer en la esperanza, para no tener frío. Las calles de Madrid, se han abandonado a la miseria de unos pocos; a la supervivencia de la mayoría, que trabajan sin calefacción; a la riqueza, de unos pocos, que taconean sin pudor.
Ana Tapias

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